ACT

El tenis llena de alegría a Luciana y Emiliana

Tienen 12 y 8 años y siempre se les ve por la Academia Colombiana de Tenis (ACT) con sus hermosos uniformes, caminar elegante y unas raquetas que no dejan ni a sol ni a sombra, y que refleja su mundo de ilusiones y alegría.

Luciana y Emiliana Arévalo Cardona juegan desde que tenían 4 años. Luciana inició en su natal Cali y ahora ambas juegan en Bogotá, en donde viven con sus padres desde hace seis años, el mismo tiempo que llevan afiliados a la Academia Colombiana de Tenis.

Coinciden en que es un deporte divertido y quieren seguir jugando por mucho tiempo, y con orgullo tanto sus padres como sus entrenadores afirman que “tienen futuro en el tenis”, porque ya se les ve estilo, confianza, buenos saques y voleas, y tienen gran disciplina y entusiasmo.

“Me encanta el tenis. Cada vez aprendo más y me gusta participar en los festivales y torneos de tenis, porque uno puede conocer a otros jugadores y también aprender de ellos”, dice Emiliana, de 8 años, estudiante de segundo de primaria y a quien le encantan las matemáticas.

“He aprendido que uno no se puede desesperar, que se debe tener paciencia; es un deporte muy chévere, me permite jugar con otras personas y competir; además, el tenis nos une como familia y eso nos ayuda mucho. Si las cosas se dan, quiero seguir jugando”, comenta Luciana, de 12 años, estudiante de sexto grado y quien vive fascinada con materias como la educación física, su favorita.

Para ellas ha sido muy importante el apoyo y el ejemplo de sus padres. “Me encanta el tenis y lo practico, y es un orgullo que las niñas tengan el mismo gusto por este deporte, y que sean quienes me digan que quieren participar en un torneo. Un motivo más para compartir en familia. También mi esposa lo practica, aunque ahora tiene una lesión de rodilla”, explica Jorge Arévalo, ingeniero civil, orgulloso padre de Luciana y Emiliana.

En su concepto, es importante promover el deporte, porque este “da disciplina, es sinónimo de salud y, como en nuestro caso, un vínculo familiar. Nos beneficia de manera integral, porque si uno quiere mejorar también debe cuidarse, fortalecer la parte cardiovascular y muscular, así como la mente”.

En familia disfrutan de la ACT, incluso se animan a venir en bicicleta, porque es cerca a su casa, y no dudan en señalar que tiene muy buenas canchas ni en valorar cómo con el tiempo han generado familiaridad con todas las personas de la Academia.

A futuro anhelan seguir apoyando a las niñas en la práctica del deporte blanco y otras actividades que quieran y que les gustan, como la natación, correr y montar en bicicleta, “y si se enamoran más del tenis y piden más, bienvenido sea”, afirma orgulloso Jorge Arévalo.

Y así como dice Emiliana: “Cuando gano me siento feliz, y cuando no, sé que puedo mejorar, seguir aprendiendo”; la familia también ha comprendido el valor del deporte en su vida, no solo en disciplina y orden, que se refleja en su cotidianidad, sino en cómo manejar los momentos de triunfo, pero también los de derrota, porque finalmente cuando se pierde “ahí también quedan muchos aprendizajes” y es cuando más “apoyo se requiere”.

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